viernes, 12 de febrero de 2010

Siento dolor y verguenza

Como pastor cristiano y como ciudadano argentino siento dolor y vergüenza ajena por el desamparo que están pasando nuestros jubilados –yo soy uno de ellos–.
Hombres y mujeres que han trabajado tantos años y cuando "gozan" de esa merecida jubilación, ven con tristeza que no pueden contar con los servicios que les corresponde por derecho. Y paso a contar: mi tío de 93 años se descompone y lo llevo en una ambulancia privada al hospital Santojanni, donde veo con asombro la cantidad de personas siendo atendidas, tanto jubilados como pacientes comunes, llenando todos los consultorios.
Veo pacientes con suero en sillas y cómo pese a su sacrificio, los médicos y enfermeros son sobrepasados por tanta cantidad de pacientes. Una doctora me pidió si podía ir a comprar una máscara de oxígeno, porque en el hospital no había. Después, mi tío es derivado a una clínica donde escucho a la gente quejarse por la atención.
Mi tío falleció al día siguiente.
Otro caso: un hermano de nuestra iglesia está cuidando a un abuelo de 90 años que no tiene familia y está en una clínica de González Catán. Y este hermano debe darle de comer en la boca porque él no puede hacerlo por sus propios medios. Lo más triste es que está en esa clínica porque no hay un geriátrico para llevar a este abuelo. Miro a las autoridades comentar cómo gastan la plata de la ANSeS en obras, en deudas, etc. Y entonces me pregunto por qué no cubren primeramente las necesidades de los dueños de esos recursos.
Héctor Stanizzo
Pastor
hectorstanizo@yahoo.com.ar

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