miércoles, 1 de diciembre de 2010

“Tras la primera década del juicio, me dieron bonos y me aumentaron 40 pesos”
28/11/10 - Clarin

Entre las miles de carpetas polvorientas del juzgado previsional 9, una lleva su nombre: José Pérez. Hijo de un portero, a los 14 años ingresó como telefonista en la revista Patoruzú. Casi medio siglo más tarde se jubiló ahí mismo, con el cargo formal de jefe de contaduría pero una tarea real mucho más delicada: ser el hombre de confianza del mítico Dante Quinterno, creador y dibujante del cacique patagónico y su amigo Isidoro.
“Fui su mano derecha, el único que podía entrar a su despacho sin golpear. Pero no lo hacía, por supuesto”, recuerda José, con un rayo de emoción que le corta la voz y le humedece los ojos. Cada recuerdo le insufla vida.
“A Quinterno le solucionaba todo: siempre conocía a alguien en el lugar indicado”, se hincha José. Pero esa red de contactos luce oxidada para mejorar su propia situación: con 42 años de aportes, cuando se jubiló en 1994 apenas le pagaron el 46% de su sueldo.
Poco más de la mitad de lo que le correspondía.
“Un año después empecé el juicio. En 2004 lo gané, pero me pagaron en bonos y me reconocieron un aumento de 40 pesos.
¿Sabés lo que decía la sentencia?
‘Como es un régimen de reparto y no hay para repartir, confórmese con esto’”, dice, y su voz vuelve a temblar, pero de furia. Alba, su esposa y sostén, le regala una caricia.
En 2005, otro abogado logró que reabrieran su expediente para corregir aquella liquidación. En mayo de 2009 le dieron la razón: ANSeS debe pagarle casi 40.000 pesos y luego recalcular sus haberes, que hoy son de 1.400 pesos y deberían ser del triple.
Pero el organismo no cumplió la sentencia, y para cobrar lo suyo José tuvo que iniciar otro juicio para que embarguen la cuenta de la ANSeS en el Banco Ciudad.
“En 2008 también empecé el juicio por la sentencia Badaro, que reconoció unos pesos más por lo que se debería haber cobrado entre 2002 y 2006”, repasa José.
Todavía no le dieron nada.
Erguido como un mástil y portador de una moral inflexible, la ira lo traiciona con un temblor en las mejillas y recurrentes truenos de fuego que alteran su mirada.
En estos años, la batalla judicial minó su salud. Tuvo dos infartos, sufre arritmia, arrastra un cáncer de próstata y convive con una insuficiencia respiratoria.
“A mí ya no me importa, pero él, pobrecito, ¡que cobre lo que le corresponde!”, dice Alba. Pobrecito, José.
Fuente
http://www.clarin.com/zona/primera-decada-juicio-dieron-aumentaron_0_380362178.html

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